Miguel Hernández, siempre.
Un niño soñaba en el huerto
su sueño de un día mejor,
y así completar su cosecha
de piedra, de monte y sudor.
El niño despierta en la guerra
cantando como un ruiseñor:
con penas, con furia, con callos;
poeta, guerrero y pastor.
El niño eligió ser un ave;
soldado del barro y la flor.
Combate y escribe romances
de guerra, de luto, de ardor.
(Ya herido, reposa en su lecho;
suspira su arrullo cantor.
Su pelo perfuma la noche
de hierba, de sangre, de amor.)
Texto: Mariano Garrido
Ilustración: Miguel Garrido (lápices acuarelables, sobre un diseño original de Jordi Vila Delclòs)

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